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Lo que la apaga hoy, la alimenta mañana

En los procesos de ansiedad hay una pregunta que suelo hacer temprano y que casi siempre descoloca un poco: cuando aparece, ¿qué haces?

La gente espera que pregunte qué siente, o desde cuándo, o qué se le pasa por la cabeza en ese momento. Preguntar qué hace suena a detalle menor. Y sin embargo es ahí, en lo que se hace, donde se alcanza a ver el mecanismo entero.

Porque cuando la ansiedad aparece, todos hacemos algo. Revisamos el celular. Le escribimos a alguien para que nos confirme que no pasa nada. Cancelamos el plan con una excusa que suena razonable, incluso para nosotros mismos. Nos metemos en el trabajo hasta que se hace de noche y ya no queda espacio para pensar en otra cosa. Repasamos la conversación que viene, línea por línea, por si acaso.

Y funciona.

Eso hay que decirlo primero, porque si no, nada de lo que sigue se entiende. Funciona: el alivio llega rápido, es real y se siente como haber resuelto algo. Nadie sostiene durante años una conducta que no le sirva de nada.

El sendero

Imagina un prado con un camino de piedra que lo cruza. Un día llueve fuerte y el camino queda encharcado, así que pasas por el borde, pisando la hierba. No es una decisión importante ni te detienes a tomarla; es esquivar un charco.

Al día siguiente vuelve a llover. Y al otro. Cada vez que pasas por el borde, la hierba queda un poco más aplastada. A las pocas semanas ya no hay hierba: hay un sendero de tierra, más cómodo que el camino encharcado, y lo tomas sin pensarlo. Nadie decidió abrirlo. Se abrió de tanto pasar.

Así se abren las rutas de la ansiedad. Cada vez que la evitas y sientes alivio, pisas la hierba. Una vez no hace nada. Doscientas veces hacen un sendero.

Lo que ocurre con los senderos es que se ensanchan. Al principio esquivabas el charco; al cabo de un tiempo pasas por el borde incluso cuando no ha llovido, porque ya es el camino. Y mientras eso pasa, el camino de piedra que dejaste de usar se va llenando de maleza. No lo cerró nadie. Se cerró solo, por falta de uso.

El alivio de hoy y el costo de mañana no son dos cosas distintas que compiten. Son la misma cosa, mirada a dos distancias.

Qué se pierde mientras tanto

Cuando alguien llega a consulta por ansiedad, casi nunca viene a contarme lo que siente. Viene a contarme lo que dejó de hacer. El viaje que no tomó. La conversación que lleva ocho meses aplazando. El proyecto que le entusiasmaba y que ahora le parece un riesgo innecesario. El domingo que se le va en prepararse para el lunes.

Ese es el costo largo, y tiene una característica incómoda: no se siente como una pérdida en el momento. Cancelar un plan un martes no duele. Duele meses después, cuando uno mira alrededor y el mapa de lo que hace se ha encogido sin que nadie lo decidiera.

Pongo un caso ficticio, construido para ilustrar y no tomado de ningún proceso real. Alguien empieza a escribirle a su pareja cada vez que la ansiedad le sube en el trabajo. Le responden, se calma, sigue el día. A los tres meses lo hace ocho o diez veces diarias, y ya no se calma igual. A los seis, la pareja empieza a responder más lento, él lo nota, y eso enciende la alarma antes incluso de que la encienda el trabajo. El sendero se ensanchó. Y ojo con esto: los senderos casi nunca se abren solos, porque el que pide que lo tranquilicen también entrena al que responde, y llega un punto en que ninguno de los dos recuerda cómo se conversaba antes.

Entonces qué

Lo primero es lo que este texto intenta hacer y nada más: mirar. Antes de cambiar una respuesta hay que poder verla completa, con su alivio y con su costo, sin ponerse nota por tenerla.

Si quieres darle una vuelta concreta, aquí va un experimento. La próxima vez que hagas eso que haces cuando la ansiedad aparece, no lo cambies. Hazlo igual. Solo anota después dos cosas: cuánto duró el alivio, y qué te costó esa vez. Puede ser un minuto de anotación. Una semana de eso suele mostrar más que meses de darle vueltas.

Muchas de estas rutas se pueden empezar a ver solo. Otras piden compañía, sobre todo cuando el sendero lleva años abierto y uno ya no distingue qué parte del camino eligió y qué parte se hizo sola.

¿Cuál es el tuyo?

Alejandro

Sobre este contenido. Este artículo es material educativo: sirve para comprender cómo funciona un patrón, no para diagnosticar ni para reemplazar un proceso de psicoterapia. Los ejemplos son ficticios y están construidos para ilustrar. Si estás en una situación de riesgo y necesitas ayuda inmediata, en Colombia puedes llamar a la Línea 106 o al 123. Aquí está el aviso de contenido y la ruta de crisis.

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Empieza con un mapa, no con más consejos sueltos

«Primeros pasos en el Mapa de tu ansiedad» es una guía para trazar tu primera ruta: ver con claridad cómo se manifiesta tu ansiedad, con su encendido, tu respuesta, el alivio y el costo.